La firmeza que nace de un corazón compasivo
Rev. Nikkyo Niwano,
Fundador de Risshō Kōsei-kai

Aprender a aceptar con humildad cuando nos reprenden severamente
No cabe duda de que la dura reprimenda de Shakamuni a su hijo, como comentamos el mes pasado, surgió de su gran compasión, sin embargo, me impresiona, si cabe más, la amonestación que hizo a Rahula utilizando el símil del agua. El agua es naturalmente pura. Al comparar con el agua la naturaleza búdica que poseen todas las personas era como si le dijese: «Tu naturaleza original es tan pura como el agua».
Como Rahula acogió con sinceridad y humildad aquellas palabras severas de Shakamuni gracias a ellas cambió su comportamiento.
Aquí podemos apreciar la habilidad como gran pedagogo de Shakamuni. En ningún sutra que leamos encontraremos un pasaje en el que Shakamuni descalifique o menosprecia a nadie. En las ocasiones en las que reprende a alguien solo censura su actitud o error; y como la persona reprendida comprende la verdad de lo que dice puede aceptar con humildad y naturalidad dicha reprimenda. Cuando aprendemos a escuchar así hasta las palabras severas nos parecerán menos severas. Esa era la manera pedagógica de reprender, a la vez firme y delicada, de Shakamuni.
Tanto en los lugares de trabajo como en la reuniones de nuestra comunidad budista, para compartir la enseñanza la gente suele evitar a las personas que hablan con cierta rigurosidad. Sin embargo, cuando reprendemos o somos severos con el otro si lo hacemos reconociendo su manera de ser y valoramos sus buenas cualidades y virtudes, seguro que esta persona comprenderá porqué le hablamos así.
Cuando nuestra cofundadora Myoko Nagamuna pensaba que debía ayudar a alguien a descubrir su auténtica naturaleza era capaz hasta de corregir su manera de usar los palillos al comer. Ella, por supuesto, además de enseñar guiar en la práctica del Dharma, observaba concienzudamente cada acción de la otra persona para enseñarle minuciosamente.
Gracias a ella los responsables de nuestra comunidad maduraron y mejoraron su crecimiento personal, pero lo más extraordinario de Myoko Nagamuna era que sus palabras cuando eran severas nacían de su gran compasión. Era muy cercana a las personas mostrando empatía y por eso podía ser tan atenta con todo el mundo. Cuando una persona siente que quien la reprende se preocupa verdaderamente por ella podrá acoger de manera positiva dicha reprimenda o consejos.
Me contaba un conocido que de pequeño hizo una travesura y su tío le reprendió duramente, le dijo: «¿Por qué con lo buen chico que eres hiciste eso?». Sus palabras, haciendo hincapié en que era un buen chico, le impresionaron y en lugar de enfadarse con el tío por su regañina, sintió más afecto por él. Aquella palabras todavía no las olvida hoy ya con más de ochenta años ya.
Con todo, como dijo Shakamuni vivimos en este mundo sumidos en un mar de sufrimientos, por eso es importante que desde pequeños se nos críe para ser personas fuertes.
En ese sentido, es importante que eduquemos desde el máximo afecto pero, a su vez, conviene que seamos severos cuando la situación lo requiera.
Conviene no olvidar que incluso al afrontar dificultades en la vida diaria ahí es donde precisamente podemos descubrir el corazón misericordioso de Buda. Cuando nos reprenden y lo aceptamos de buen ánimo descubrimos la senda para ser felices.
Germinando las semillas del despertar P105-108