Encendamos una luz
Nichiko Niwano
Presidente de Rissho Kosei-kai

En lugar de lamentarnos por la oscuridad
Hoy día muchas personas en todo el mundo siguen sufriendo a causa de la guerra y la represión. Desde esta primavera el papa Leo XIV ha hecho llamamientos a los gobernantes de todo el mundo para acabar con las guerras y comprometerse con la paz y la armonía internacional. En una de sus homilías pasadas hacía un llamamiento para: «acabar con la idolatría exagerada al individualidad y el dinero, ya es hora de dejar de recurrir a la fuerza porque la auténtica fuerza del ser humano se expresa cuando cuidamos la vida».
Sin embargo, de una manera que no tenía precedentes hasta ahora, el gobernante de una nación criticó las palabras del Papa, es una lástima que las personas se sirvan del poder de la palabra y el pensamiento, herramientas valiosas que recibimos como seres humanos, para sembrar el conflicto y la discordia. Mientras, nosotros apenas podemos hacer otra cosa que lamentarnos al constatar esta realidad sin poder cambiarla.
No obstante, a pesar de la oscuridad que ensombrece en estos momentos nuestro futuro, sigue habiendo personas que nos inspiran con sus palabras y nos ayudan a descubrir lo que cada uno puede hacer para transformar el mundo. Quisiera cita en concreto una declaración hecha por el especialista en filosofía oriental Masahiro Yasuoka (1898 – 1983): «La práctica de llevar la luz a cada rincón de este mundo»:
«En lugar de lamentarnos por la oscuridad, encendamos cada uno una luz. Debemos ser luz que ilumine la oscuridad a nuestro alrededor, por débil que sea dicha luz, llevemos la luz a cada rincón de este mundo. Encendamos lámparas que iluminen hasta allá donde podamos. Si cada uno de nosotros enciende una lámpara, serán innumerables los haces de esta luz. Así, Japón se volverá un país resplandeciente y brillante. Esa es la práctica de iluminar cada rincón del mundo para colmar de luz todo el mundo. ¿No es esta práctica a la que deberíamos comprometernos todas las personas para transformar el mundo?»
Su declaración sería hoy día si cabe más acertada si en lugar de referirse solo a Japón se extendiese al mundo entero. Cuando alude a transformar el mundo, en lugar de entenderlo como una llamada a una acción individual de gran repercusión, creo que es una llamada a actuar localmente, comenzando por lo que tenemos más cerca en sintonía con lo que comenté el mes pasado en mi artículo ‘Encender la llama de la compasión’.
Como dijo el papa: «Tan solo basta un poco de fe para que unidos como seres humanos afrontemos estos turbulentos momentos de nuestra historia», cada una de nuestras acciones individuales diarias llevan la luz a un rincón del mundo, cuando esa luz se multiplique en millones de luces, se iluminará esperanzadoramente el porvenir de nuestro planeta Tierra.
Al alcance de nuestra mano
La frase ‘Encendamos lámparas que iluminen hasta allá donde podamos’ sugiere que cualquier acción generosa a nuestro alcance, por mínima que sea, ayuda a traer la luz a nuestras vidas y mitigar la oscuridad. Al hacerme estas reflexiones tengo la impresión de que no es casualidad que celebremos el día 10 de este mes el memorial anual de Myoko Nagamuna, cofundadora de Rissho Kosei-kai.
Nuestra cofundadora se caracterizaba por tratar a todas las personas como si fueran sus propios hijos, las aconsejaba con afectuosidad y, a la vez, rigurosamente cuando era necesario. Su práctica compasiva era verdaderamente una sucesión de acciones en favor del prójimo llevando la luz allá donde iba. Cuando se encontraba con alguien necesitado no dudaba en ofrecerle cuanto hiciera falta, ya fuera comida, ayuda económica o ropa. Para ella todo en este mundo son ‘bienes recibidos por la gracia de Buda’, por eso su luz compasiva no dejaba de brillar un instante.
Si nos fijamos en qué es lo que está a nuestro alcance en nuestra vida diaria, por supuesto a primera vista nos fijaremos en nuestra familia, pero también en nuestros vecinos, en las personas con las que viajamos en el tren o en el autobús, o a otros clientes que hacen cola con nosotros al comprar. Cuando nos mostramos sonrientes y agradecidos o ayudamos a quien lo necesita llenamos de luz nuestro entorno. Cuando somos atentos y mostramos gratitud con nuestros familiares, nuestro hogar se vuelve más cálido y luminoso; cuando oramos por las personas que sufren en países lejanos también encendemos una luz digna de aprecio y gratitud. No me cabe duda de que hoy día personas en todo el mundo rezan de corazón para que se propague ese espíritu de paz que rebasa las diferencias de nacionalidad, etnia o creencia religiosa. Como dijo nuestro fundador: «Nunca se apagará la llama de la luz de la compasión con la que iluminamos cada rincón de este mundo», perseveremos en propagar esta luz compasiva por todo el mundo.